‘Periodistas en la torre de control’, en el periódico ‘El Punt Avui’

El periódico El Punt Avui ha publicado un amplio reportaje sobre la actividad ‘Periodistas en la torre de control’, organizada por Aprocta en las instalaciones del Barcelona Air Navigation Center, en Castelldefels, para dar a conocer a los medios de comunicación la profesión de controlador aéreo. A continuación reproducimos, traducido al castellano, una amplia referencia al artículo publicado por Virtudes Pérez, redactora de El Punt Avui.

Los controladores aterrizan

Llueve fuerte sobre el aeropuerto de Nueva Zelanda… desde la torre de control se recibe el aviso de una emergencia. Un avión solicita un aterrizaje de emergencia. Viaja con 200 pasajeros y le ha fallado uno de sus motores. Está a pocas millas, en el cielo se ve humo. Un segundo avión espera autorización para despegar y un tercero se dirige al parking. La situación es critica…
Todo parece real, pero la verdad es que no estamos tan lejos. La Asociación Profesional de Controladores de Tránsito Aéreo (Aprocta) ha convocado a los periodistas a la Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones y Aéreo Espacial de Casteldefels. Quieren que conozcamos de primera mano la “complejidad y la enorme responsabilidad” de su trabajo. La idea es simple. Colocar a los periodistas delante de un simulador de torre de control -en este caso se ha recreado una situación de emergencia en el aeropuerto de Nueva Zelanda, con aviones que despegan y aterrizan como en la vida misma- e intentar que durante unos minutos -pocos- hagan de controladores para que entiendan como es de difícil y estresante este trabajo.

El encargado de hacer la demostración desde la torre de control del aeropuerto de Nueva Zelanda es Juan Lario, controlador aéreo con 15 años de experiencia. “En un caso así, cuando la situación es crítica, la prioridad es que aterrice la nave que tiene problemas, todos los otros aviones pueden esperar. Se han de dejar todas las pistas libres para que escoja la que le vaya mejor”, explica Lario. También activa la denominada línea caliente y avisa a los bomberos para que estén preparados. El avión aterriza en el aeropuerto de Nueva Zelanda. Salen los pasajeros sanos y salvos -la recreación de la realidad es absoluta- y acaba la simulación.

Objetivo conseguido. Los periodistas comprueban in situ que la labor del controlador aéreo requiere el máximo grado de atención y una concentración absoluta. Un error, una distracción, no ver un perro en medio de la pista o no detectar un pájaro que vuela hacia una aeronave -hechos bastante habituales, según explican- puede provocar una catástrofe. “El impacto de una gaviota contra un avión puede romper una turbina”, subraya el presidente de Aprocta, Jesús Gómez Lera, también presente en la simulación.

El simulador es como un gran videojuego, donde el controlador ha de estar pendiente de cinco, seis, siete aviones al tiempo para autorizar cada uno de sus movimientos desde que un avión esta en el parking del aeropuerto de salida hasta que llega al de destino. Ningún piloto actúa sin la autorización de uno de estos instructores. Aquí radica la gran responsabilidad de su trabajo.

Parece un juego, pero no lo es. En absoluto. Desde las torres de control, se vigilan aviones reales que transportan vidas humanas. Por eso están ahora tan enfadados con los cambios de legislación que no solo han servido para modificar las condiciones laborales de los controladores, sino también los requisitos para poder acceder a la profesión. “Antes exigían una titulación universitaria y después tenías que superar una oposiciones a las cuales se presentaban 12.000 personas para 150 plazas”, afirma el vocal de comunicación de Aprocta, Jesús Pedraz. Después había que superar todo tipo de pruebas hasta acceder a uno de los cursos de controladores que pagaba Aena. Y dos años de prácticas. “Ahora ya no hace falta licenciatura. Con el bachillerato, 25.000 o 30.000 euros para pagar lo que cuesta un curso de controlador, y tres meses de prácticas ya es suficiente” añade Pedraz, que considera que este cambio en el método de selección pone en riesgo la calidad del cuerpo de controladores aéreos. “Todavía vivimos de los réditos del pasado, pero en el futuro la profesión del controlador se irá degradando”, augura Pedraz, que no tiene ningún tipo de duda de que el trabajo de controlador “no está al alcance de todos, aunque tampoco somos superhombres”.

Hay quien quiere ver detrás de esta visión catastrófica del futuro de la profesión de controladores un intento desesperado de defender unos privilegios ya perdidos. Los profesionales que velan por la seguridad del tránsito aéreo no están de acuerdo. No se trata de salvaguardar los intereses de una profesión elitista, aseguran, sino de advertir de los riesgos de dejarla en manos inexpertas. “Los controles y las pruebas que tenía que pasar hace unos años una persona para ser controlador garantizaban que llegaban los mejores. Ahora depende de si tienes dinero o no para pagar el curso”, resume Jesús Gómez, el encargado de hacer la simulación en la torre de control de la Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones y Aéreo Espacial de Casteldefels, una de las que ya está impartiendo cursos privados de controladores aéreos. “Hemos pasado de ser un ejemplo mundial de selección a situarnos a la cola de Europa”, concluye.

En el Estado español hay actualmente más de 2.000 controladores del espacio aéreo operativos. La gran mayoría están sindicados pertenecen a la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA), y casi el 80% forman parte de Aprocta. A pesar de que en los últimos años ha bajado el tránsito aéreo a causa de la crisis, el año pasado los controladores velaron por una seguridad de cerca de dos millones de operaciones en los aeropuertos españoles, con un movimiento de cerca de 67 millones de pasajeros.

JORNADA LABORAL

Las condiciones laborales de los controladores aéreos han cambiado desde el decreto del año 2010 -modificado posteriormente- que limitó las horas de trabajo anuales. Ahora, la jornada de un controlador es de 5 días laborables de los cuales dos trabaja de mañana -de 07.30 a 15.00 horas-, dos de tardes -de las 15.00 a las 22.00 horas- y uno de noche -de 20.30 a 07.30 horas-. Después descansa tres días.

Los controladores trabajan en pareja. Así dentro de la jornada laboral comparten la responsabilidad del control máximo. Comienzan trabajando 37 minutos como ayudante, después hacen más de una hora como controlador principal y descansan otros 37 minutos. Y así sucesivamente hasta acabar la jornada laboral. En muchos casos, la dificultad de su trabajo no depende de la cantidad de aviones que tienen que controlar sino de la complejidad de las operaciones. Siempre priorizan la seguridad.

Llueve fuerte sobre el aeropuerto de Nueva Zelanda… No es el aeropuerto de Barcelona, con 42 entradas y salidas de aviones cada hora, pero también sirve para entender la complejidad de un trabajo hasta ahora desconocido. El aterrizaje de emergencia del avión averiado se convierte en una metáfora. En tiempos convulsos, de muchos cambios, los controladores han decidido bajar de la torre de control.